columna

Si el mundo fuera un pañuelo

Aachoo!!, Banksy

“Me pica la nariz”, dices mientras te rascas nervioso, “eso es que alguien te está criticando”, responde tu amiga, “No tranqui, es solo un moco”. Tras este momento, recordáis que había algo que comentar, alguien merece vuestro análisis de hoy. Es curioso el ansia que tenemos de proteger nuestra imagen a toda costa, que un acto tan natural como rascarse la nariz sea asociado al miedo de ser criticado, en vez de al simple hecho de sonarse los mocos. No hay nada mejor que ver la sonrisa en la cara de tu amiga al entrar anunciando “Tía, coti coti”. El cotilleo nos da la vida. Para qué contar algo de nuestra vida cuando podemos hablar de la de los demás, desplazar la atención hacia otro lado, estornudarles encima. Escoger las palabras con cuidado para dejar claro que, cuando te vayas, no empiecen a cebarse contigo.

El marujeo es algo que no pasa de moda, trasciende de generación en generación, se contagia como los resfriados. Desde adolescentes del parque tirando pipas, hasta las abuelas del pueblo sentadas a la sombra. Los tres filtros de Sócrates desaparecen como los clínex, no importa si es cierto, bueno o necesario, la crítica se hace igualmente. De vez en cuando surgen gripes, temas que pillan a todo el mundo y permanecen un tiempo en epidemia, hasta que pasan al olvido. Llega un nuevo notición y vuelta a empezar. La noria del moco.

Lo difícil está en encontrar el foco de infección, el origen del virus. Quién se comió el murciélago, quién inició el rumor, ¿fue accidental o creado? La conspiración de la flema. Y nada como la llegada de la primavera, las alergias vuelan, todo es causa de ataques. La sangre se altera, los termómetros suben, y los románticos se unen: “Si el mundo fuera un pañuelo, tú serías mi moco favorito”.

No importa la estación, época o lugar, las ganas de criticar son constantes en la humanidad. Pueden salir vacunas, pero surgen mutaciones y nadie es inmune. Solo queda protegerse, mascarilla y máscaras quien las necesite. No es que sea negacionista, es que no tengo miedo. Al final las críticas son como los mocos. Siempre hay y dan asco.

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